Un breve repaso a la historia de Bizkaia muestra con claridad la capacidad que sus habitantes han tenido para adaptarse de manera competitiva a los requerimientos que la coyuntura económica ha exigido en cada época.

En la Baja Edad Media fue el comercio marítimo internacional, impulsado por el Consulado de Bilbao (que creó Casas de Contratación permanentes en Brujas y Amberes), la clave del crecimiento económico, al lograr los comerciantes locales que el Puerto bilbaíno se impusiera como rampa de salida de la lana de Castilla.

En la segunda mitad del siglo XIX y en los inicios del XX, aguerridos empresarios vizcaínos se incorporaron a los vientos de la industrialización de la época, creando empresas líderes en la siderurgia (Santa Ana de Bolueta, Altos Hornos de Vizcaya) y la construcción naval (Cía. Euskalduna), a las que siguieron otras dedicadas a los bienes de equipo y los transformados metálicos. Algunos de esos emprendedores crearon también los Bancos de Bilbao y Vizcaya.

En los años 70 del siglo XX, una gigantesca crisis energética mundial supuso el declive fulminante de todos los sectores citados, provocando la aparición de drásticos procesos de reconversión que supusieron la reducción de la capacidad productiva de miles de empresas, el cierre de otras y la expulsión de millones de trabajadores. Una crisis que golpeó duramente a Bizkaia, donde estaban presentes casi todos los sectores en declive. No obstante, con grandes sacrificios, con la ayuda de los Planes de Reconversión Industrial puestos en marcha por el Gobierno Central y el Gobierno Vasco, con el empuje de la Diputación y con proyectos emblemáticos, como el Museo Guggenheim, la industria vizcaína recuperó paso a paso la competitividad perdida. Hasta el punto de poder afirmar que actualmente Bizkaia cuenta con empresas muy exportadoras, gracias a los avances registrados en materia tecnológica e innovadora (industria 4.0, impresión 3D, etc.).

De cara al futuro, Bizkaia cuenta con activos importantes para aceptar los desafíos que siempre presentan los mercados. Entre ellos, en primer lugar, las universidades y centros de formación, que desde el punto de vista de preparación de las personas están en un magnífico nivel con resultados homologables internacionalmente, y además instituciones como el Parque Tecnológico ubicado en Zamudio, los centros tecnológicos, los centros de fabricación avanzada en varios sectores y el empuje turístico de Bilbao (declarada mejor ciudad europea 2018) y sus magníficos museos. Sin olvidar la capacidad competitiva del Puerto de Bilbao, entre otros aspectos positivos, como la cercanía de las instituciones a los intereses económicos y sociales.

En el lado opuesto, Bizkaia tiene un serio problema de población que permite afirmar que vive un otoño demográfico. En efecto, la caída dramática de la tasa de fecundidad por debajo de la tasa de reposición predice un saldo vegetativo negativo creciente que compromete seriamente el futuro desarrollo del Territorio. Si a ello añadimos un rápido envejecimiento de la población (en dos décadas se ha duplicado el número de octogenarios), el continuo descenso del número de jóvenes de 18 a 34 años, debemos llegar a la conclusión de la necesidad urgente de políticas capaces de frenar este dañino proceso.

Dado que, incluso logrando transformar la mentalidad de los jóvenes, por la vía biológica es imposible un cambio rápido de tendencia, la única salida para revertir este declive sería promover una inmigración controlada.

Y para ello, el mejor camino es lograr que nuestras universidades tengan impacto en el mundo y capacidad de atracción de jóvenes prometedores, de los que algunos se quedarán entre nosotros. Por otra parte, la formación de primera calidad es fundamental para la competitividad y es un hecho demostrado que las universidades de primera línea son grandes centros de desarrollo económico para las sociedades que las albergan, por lo que esta actuación parece tenerlo todo para que merezca la pena apostar por ella.

Seguro que Bizkaia y Euskadi serán capaces de encontrar el mejor camino, como ha sucedido siempre. Lo mismo que las empresas, los territorios compiten entre sí y este de la población es un instrumento fundamental.